domingo, 26 de junio de 2011

Teresa Campos en Sálvame, creo

http://www.diariodeleon.es/noticias/noticia.asp?pkid=614970

El invento del maligno josé javier esparza

Pasó la otra tarde, miércoles, en el infumable -y, sin embargo, fumadísimo- Sálvame de Telecinco. Sabrá usted que en ese circo tiene un papel estelar María Teresa Campos, ex reina de las mañanas y uno de los rostros más característicos de nuestra televisión. El papel de la Campos es importante: defensora del espectador, es decir, la encargada de dar voz a las quejas de los espectadores por los excesos de los colaboradores del programa. Y usted se preguntará: «Y si ese programa es deliberadamente todo exceso, ¿de qué se quejan los espectadores? ¿No sería mejor cambiar de canal?».

Bien, yo me pregunto lo mismo, pero el paisanaje es como es y no lo vamos a cambiar usted y yo ahora: el hecho es que ahí está la Campos haciendo lo que yo le digo. Pero he aquí que la otra tarde la doña dijo basta.

Ocurrió que los espectadores criticaban mucho a Mila Ximénez, Belén Esteban y Kiko Hernández, y los tres sabios de Grecia, conscientes de su elevada posición, recibieron de muy mal grado las reprimendas. Tanto se enfadaron que arremetieron contra la propia Campos, y ahí doña Teresa se levantó, bufó, tomó aire y dijo: «Seguid con lo vuestro, que no es lo mío, no vengo aquí a enfrentarme a diez personas con cosas que ahora mismo no puedo demostrar. El programa no me necesita para nada. No es mi rollo, no es mi manera de trabajar». Y diciendo esto se marchó, para consternación (¿?) de Jorge Javier Vázquez. Tremendo impacto: se iba la única coartada de Sálvame para parecer un poquito menos impresentable. «Apreciamos mucho a Teresa y queremos que siga viniendo», decía Vázquez con una convicción semejante a la de Fernando VII cuando juró la Pepa. Y a estas horas la cosa puede haber cambiado, porque aquí todo da la vuelta con mucha velocidad, pero la situación actual es que la Campos ha dejado Sálvame. Aquí un servidor nunca se ha caracterizado por su admiración sin límites hacia María Teresa Campos, pero me parece que en este caso la doña tiene toda la razón del mundo. Salvo que su fuga sea otro ardid para ganar audiencia. Con esta gente nunca se sabe.

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