martes, 2 de agosto de 2011

La calma de Teresa

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REPORTAJE: MODA

La calma de Teresa

XAVI SANCHO 31/07/2011
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Como por casualidad. Así nació el taller de costura de Teresa Helbig. Tres premios más tarde y con vistas a dar el salto al extranjero, la diseñadora se mantiene fiel a su vocación artesanal.
La casa barcelonesa de Teresa Helbig tiene dos puertas. El exterior, con vistas a la calle de Mallorca, es el showroom. El interior, dando al patio de manzana, la vivienda. El primero está lleno de ropa; el segundo, de ceniceros. Hoy ya no existe la pared que separaba lo que en un principio eran dos pisos contiguos, pero se siguen manteniendo las dos puertas idénticas, una al lado de la otra, lo que aboca al visitante a especular antes de salir. "La otra, la otra", informa la barcelonesa, mientras tratamos de abrir la equivocada.

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      "En los ochenta había una locura y libertad que ya no existen. Hasta perfumábamos los maniquíes"
      "Buscamos trajes que perduren en el tiempo, alejados del consumo rápido. El mercado nos está dando la razón"
      "Se supone que hoy los diseñadores debemos ser al mismo tiempo empresarios, pero yo me veo incapaz"
      En los bajos se halla el recién renovado taller -todas sus piezas se confeccionan aquí- de la diseñadora, que ganó el Premio L'Oréal a la mejor colección de otoño-invierno de 2011 de la Pasarela Cibeles Fashion Week. "Eh, que tenemos dos premios más, no nos olvidemos", interviene Teresa, señalando el galardón al mejor diseñador novel de 2009 que otorga la revista Marie Claire,y el Premio Barcelona EsModa al mejor profesional del mismo año. Es raro que los trofeos del mundo de la moda sean tan feos, ¿no? "A mí me parecen bellísimos", responde con un indeterminado porcentaje de ironía. Al final del taller hay una habitación enorme con techo de claraboya. De momento ejerce de trastero. Cuando lo veamos en funcionamiento, será la prueba de que esta diseñadora, que no estudió moda, no forma parte de ninguna camarilla y hasta admite dibujar entre mal y regular, se ha decidido finalmente a acometer el proceso de dominación mundial. "Primero tengo que comprarme unas zapatillas de deporte, que en unos días salgo a hacer senderismo". Y con esa frase zanja el asunto. Aquí, el ritmo lo imponen las cosas, no las personas. Ella está en una realidad independiente y, aunque ya es bastante conocida, jamás cayó en la casilla de creador emergente.
      La relación de Teresa Helbig con el mundo de la moda parece remontarse a la más tierna infancia. Existen incluso pruebas en forma de foto de esa pasión primigenia. En una de ellas, cuenta la familia, se puede ver a Teresa observando embelesada el estilismo de una compañera de colegio. De cualquier modo, y como les sucede a muchos, su carrera profesional empezó en los extramuros de su verdadera vocación. Teresa, madre de un hijo de 18 años, fue antes escaparatista. "En los ochenta había una locura y una libertad que hoy ya no existen. Maquillábamos los maniquíes... hasta los perfumábamos", recuerda con ese grado de nostalgia que se pueden permitir solo quienes realmente no echan de menos demasiadas cosas. Un día, ayudada por su madre, que es modista y ahora mismo ocupa una de las máquinas de coser que se encuentran en el taller, Teresa se hizo un vestido para una boda a base de plumas cosidas una a una. Efectivamente, madre no hay más que una. El traje fue un éxito, y una conocida le propuso hacer una pequeña colección que vendería en su tienda. "El único problema fue que la tela que compramos picaba muchísimo. Además, calculé mal el pedido y compré tela como para un regimiento. De esa primera colección ya aprendí que no puedes comprar tela barata, y que los cálculos, mejor que me ayuden a hacerlos, que si me dejan sola...".
      A Helbig le apasiona el trabajo de Thierry Mugler y Azzedine Alaïa. Propulsada por el incipiente éxito de su propuesta -femenina, romántica y, sobre todo, con vocación artesanal-, se puso manos a la obra. "Llevamos trabajando más de 10 años, y la evolución ha sido lenta, pero siempre positiva. Fue hace tres años cuando decidimos darnos a conocer, empezando a desfilar en Barcelona 080. En la actualidad sentimos que se va reconociendo nuestro trabajo. Hace un tiempo apostamos por hacer vestidos con un estilo propio, que combinaran el diseño con la calidad en los tejidos y la artesanía. Buscamos trajes que perduraran en el tiempo, alejados de lo que se ha estado llamando moda rápida. La evolución que está teniendo el mercado nos está reafirmando que esta decisión fue la correcta", explica la diseñadora.
      En la actualidad, el equipo que trabaja en el taller está formado por 10 personas, que se encargan prácticamente de todo, desde la atención al cliente en el showroom hasta el corte y la confección. El proceso es lento y artesanal, siendo la llegada del iPad la única concesión a la digitalización en el universo Helbig. "El diseño, escoger los tejidos y el patrón son las partes más importantes de todo el proceso. Una vez lo tenemos decidido, hacemos pruebas y experimentos hasta que conseguimos la muestra que nos gusta. El tener nuestro propio equipo nos permite el lujo de poder experimentar constantemente sin presiones externas. Si a una clienta le gusta uno de nuestros vestidos, se lo confeccionamos exclusivamente para ella. O sea, hacemos su patrón, su glasilla y su vestido de forma personalizada".
      Además de sus colecciones y de las opciones que ofrece de personalizar las prendas de estas a sus clientas, Helbig se ha forjado un nombre también en el siempre elusivo mundo de los trajes de novia. El primer encargo le llegó, sorprendentemente, de parte de una de aquellas sufridas seguidoras que adquirieron uno de sus primeros vestidos, los que picaban una barbaridad. Se trataba de una boda no convencional en un paraje idílico, y la respuesta de Helbig fue un traje ad hoc que huía de la rigidez de la tradición, pero abrazaba lo evocador del acto de fe que supone decir que sí a cualquier cosa. Eso sentó las bases de un estilo que la ha acompañado desde entonces. Son novias diferentes, pero no porque quieran serlo, sino simplemente porque lo son. En ocasiones, estas clientas a punto de pronunciar el "sí, quiero" se convierten en amigas que regalan pasteles hechos con flores de azúcar, o donan objetos pertenecientes a un padre recién fallecido. "Gracias al mundo del vestido de novia, cada año tenemos la suerte de poder vivir historias mágicas y especiales de todas las novias que vienen a nuestro atelier. Es la parte más emotiva de nuestro trabajo, en la que se crean unos vínculos muy estrechos y que perduran para siempre. Todo esto lo queremos mantener, y por este motivo no nos planteamos realizar acciones dentro de este mundo", recuerda al respecto de la parte de su negociado no susceptible de entrar en fase de crecimiento.
      Para el resto de sus creaciones, la diseñadora sí posee cierta vocación de crecimiento, aunque tal vez menor de la que tanto premio podría augurar. "El objetivo en el que estamos trabajando ahora es la internacionalización de nuestra línea de vestidos de cóctel y fiesta. Queremos ir paso a paso, sin prisas, para asegurar el no perder nuestra esencia. Es un proceso complicado, pues debemos adecuar nuestra estructura interna. Además nos encontramos en una coyuntura económica en la que debemos intentar no equivocarnos demasiado". Para evitar ese tipo de errores que cuestan dinero, la catalana cuenta con la ayuda de su pareja, quien, según ella, "otorga cierta sensatez a todo esto. Soy muy anárquica y absolutamente negada con los números. Se supone que hoy los diseñadores debemos ser también empresarios, pero yo me veo incapaz".
      Desde su tocador, Teresa responde preguntas mientras se maquilla para las fotos. Dice que le encantaría desfilar en París, pero que, hoy por hoy, sería más un capricho caro que una verdadera opción comercial y artística. Sospechamos que está fumando mientras se maquilla. No hay nada como trabajar en casa. "Cortar pescado y ser gogó.Sí, a eso me hubiera gustado dedicarme si esto de la moda no hubiese funcionado", informa, ya maquillada y camino del ala oeste de la casa -la dedicada al showroom-,donde la espera su perro, que la observa barajando las consecuencias que tendrá para su imagen compartir plano con ella. Cuando habla de cortar pescado se refiere a hacersushi, y cuando dice gogó hace alusión a Toulouse-Lautrec, no a cualquier reminiscencia de Pachá. Lo dicho, dos puertas que parecen iguales, pero solo una que lleva a donde se quiere ir.

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